Al mercado con mi abuela a diario

Compra diaria. O semanal

Recuerdo que de pequeño la compra, en mi casa, era diaria. No por que fuésemos muchos o comiéramos demasiado, era porque en casa de mi abuela tardo mucho en llegar la nevera. Razones económicas porque, según pensaban mis abuelos, no solamente sería el desembolso del aparato,también el gasto de electricidad. Ahora ya se que es impensable lo de entonces, yo no podría concebir que tuviera que estar yendo a la compra todos los días, al mercado, o a la tienda de comestibles de la esquina, según la necesidad que requiriera el menú. También había una frutería cerca de casa pero yo creo las fruterías del mercado eran más baratas, entonces. Y había algunas cosas que se podían comprar de semana en semana, lo que no era perecedero. Pero la carne, el pescado, cuando tocaba, había que adquirirlo en el mismo día.

El mercado 

Todavía recuerdo el mercado, creo que se llamaba…no se, yo lo recuerdo como, simplemente, el mercado. “Vamos al mercado”, decía mi abuela. A mi, sinceramente, no me apetecía nada ir. No se porque pero había épocas en que íbamos a diario al mercado y otras veces cada varios días. Podría deducir las razones de ello pero no lo voy a hacer porque, en esto,como en muchas otras cosas, la mejor información sería la que me diera directamente mi abuela, pero ya no puede ser.

Ahora, cuando paso por algún mercado, me gusta entrar a comprar o simplemente a pasear, disfrutando de la vista de sus puestos.

Pero cuando era pequeño se tardaba mucho en comprar. Los puestos estaban llenos de gente comprando y las largas colas eran habituales. Claro también dependía del puesto,donde más se tardaba en comprar era en el puesto de la carne y también en el de pescado. Claro, en la carnicería tenían que cortar los filetes, picar la carne…Y en la pescadería también se hacía bastante pesado esperar a que prepararan el pescado. Por cierto, he oído decir que hace años el pescado era mucho más asequible, económicamente hablando, que ahora. Me imagino que también dependería de la clase de pescado.

Sin embargo, que curioso, en la frutería disfrutaba, y no porque no hubiera cola, que la había. Me encantaba ver como el dependiente manejaba las distintas piezas de fruta, me quedaba yo observando ensimismado como procedían a pesarlo, como cuadraban el peso quitando y poniendo, porque eran pesos antiguos y para calcular el importe se facilitaba la labor así.

El puesto de platanos del mercado

Recuerdo, como si lo estuviera viendo ahora mismo, el puesto de plátanos. Lo curioso de ello es que allí solo se vendían plátanos. Los racimos de plátanos colgaban del techo del puesto. Los vendía una señora y se supone que vivía de eso porque era un puesto como otro cualquiera, pero eso, solo de plátanos.

Los melones y sandias

Cuando llegaba el verano y los puestos del mercado se llenaban de melones y sandías era cuando yo más disfrutaba. ¡Que fiesta! A mi me gustaba algo más la sandía, fresquita ella, pero no de nevera porque ya os he contado que en mi casa no había. Mi abuela prefería el melón. Mi abuela, antes de abrir las piezas, las guardaba en la parte más oscura y fresca de la casa y yo esperaba con impaciencia aquellas sabrosas y perfumadas rajas, cortadas habilidosamente por mi abuela.

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