Historias de miedo. Las mias

Lo visible y lo invisible

Lo visible

Tengo miedo yaya, le decía de pequeño a mi abuela acostado en la cama a oscuras, antes de dormirme. ¿De que tienes miedo, me decía ella? Pues que se yo , le respondía, a que entre alguien forzando  la puerta de la calle, a que haya un terremoto… Estos miedos míos los tenía muy bien visualizados, siempre había una escena de la televisión para recordar, incluso una noticia de sucesos de un periódico era recreada por mi en la imaginación. Así que yo no tenía demasiados problemas para encarar los miedos. Y , aún así, seguía teniendo miedo, pero lograba conciliar el sueño.

 

Lo visible. Pequeño hurto

No penséis, por favor, que yo de pequeño era un ladronzuelo. Lo que ocurrió es lo siguiente: Mi abuelo siempre colgaba su chaqueta en una percha que había en el pasillo de nuestra casa. Yo siempre admiraba esta chaqueta como algo lejos del alcance de mi edad, en sus bolsillos me imaginaba objetos diversos que solo pueden usar los mayores. En realidad  casi todo era para mi invisible, pues lo único visible, para mi, eran un pañuelo blanco que asomaba de un bolsillo y una cartera pequeña de piel en el bolsillo interior, nunca  llegue a ver el contenido de esta cartera. Si había o no mas interesantes objetos allí ocultos lo ignoro.

Miedo conocido real

Pues una de las veces que mi abuelo fue a colgar su chaqueta observe, que curioso placer diario  me reportaba aquello, observe digo que en uno de los bolsillos  laterales dejaba unas monedas. De repente , pues no lo esperaba, surgió en mi un sentimiento desconocido hasta entonces, una mezcla de miedo y deseo de apoderarme de tales monedas, las había visto otras veces, había oído hablar de ellas , pero nunca las había tocado. Mi abuelo se fue a hacer sus cosas y yo me quede allí, con mi miedo, y las ganas de meter la mano en el bolsillo de la chaqueta. No recuerdo bien si en mi lucha interior recurrí a lo conocido. No sé si además recurrí a lo invisible, pero al final metí la mano y me apropie de dos o tres monedas, ya no recuerdo. Esta mezcla de placer y miedo duro poco, lo que tarde en restituirlas a su lugar de origen.

 

El miedo a la noche

Esa noche  mi miedo en la cama  era bien real,visible y conocido por mi, no me acordaba para nada de los otros miedos. Mi abuela , no se si os he dicho que dormía conmigo, noto la inquietud y me pregunto: ” A ver, de que tienes hoy miedo” Y mi repuesta esa noche fue: ” Hoy no, de nada”. “Pues mira que bien dijo” y creo que no tardó en dormirse. Yo, naturalmente, no pude apenas dormir esa noche.

 

Lo invisible existe

A partir de aquello pase varios días y noches sintiéndome culpable, aunque había saboreado el pecado solo unos instantes y lo había restituido todo no podía quitarme aquello de la cabeza, estaba obsesionado con la idea de haber hecho algo malo.

La vida de los niños es fuerte e intensa y, quizás,  los invisibles mecanismos que tenemos de niños dejaron paso a otros quehaceres y pensamientos y pude dormir satisfactoriamente.

 

El miedo desconocido

No recuerdo los meses que pasaron, una noche cualquiera, no recuerdo ningún suceso relacionado con aquello, empecé  a tener dificultades para conciliar el sueño. Lo curioso es que no me asustaban las cosas de antaño: No tenía miedo a que alguien entrara para robar pues yo me decía que había un cerrojo para impedirlo, aparte de que en mi casa no había ni dinero , ni joyas, ni apenas nada. Tampoco me daban ya miedo los terremotos pues me había informado de que, la zona en la que yo vivía, no entraba en las conocidas por tal riesgo. Incluso había superado el miedo al conocido y poco sustancial hurto pues creo recordar que, en esos meses, me confesé y quede absuelto del conocido pecado.

Aún así seguía inquieto , pasaba largas horas hasta que, en la cama, conseguía conciliar el sueño. ¿Que me pasaba? Esto me lo pregunto ahora porque entonces lo único que quería era estar tranquilo, sin más.

Pero como todo en la vida, si nos forzamos, se acaba superando, esto también paso. Pude dormir tranquilamente. Y por el día me dedicaba a ir al colegio y a jugar con mis amigos.

Pero ahora, muchos años después, demasiados, me pregunto que miedo desconocido e invisible verdaderamente me aterraba entonces, esto he logrado, no se como, planteármelo ahora,  porque no creo que el pecado conocido, y real para un niño, fuera su motivo entonces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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